La verdad más de uno va a decir “que goma que sos!”, “putazo” o lo que sea. Pero no me importa, en fin de cuentas todos amamos a alguien, y si no, deberíamos.
Me creo un poco loco por lo que estoy a punto de hacer, pero como dice Don Sprite (y con mucha certeza), el amor te vuelve idiota. Y además, te hace hacer cosas que nunca harías ni con 10 tequilas encima.
Ayer me mande una cagadita, y prometí recompensa. Vos me conoces más que nadie, por lo que, si esto no te demuestra lo que te amo, me rindo.
La locura que se presenta a continuación es nada más y nada menos que la última carta que le escribí a mi novia. Enjoy it…
“Jichu, vida, ¿que decirte? A veces creo que está todo dicho, que con solo mirarnos nos contamos más que con mil palabras, y nosotros que además de utilizar nuestras miradas encima sumamos horas y horas diarias de hablar por celular, imaginate. Igual, siempre hay algo más que decir, sabes que soy una radio y que temas para hablar encuentro siempre. Además por ahí la volamos y después de varios minutos de silencio y de “te amos” tiramos un tema, lo exprimimos y nos vamos por las ramas media hora más. Me quedé pensando lo que dije un par de líneas más atrás, eso de que hablamos mucho por celular. Yo no es que se exagerado, pero no te voy a negar que pienso seguido que dentro de unos 50 años voy a tener más radiación en la cabeza y en la pierna derecha que el Sr. Burns…
No se que hacer, por un lado me da ganas de imprimir este archivo y listo, por otro, pasarlo a mano para que, después de un tiempo largito que llevas de no apreciar mi lujosa caligrafía, te puedas deleitar un poco. Todo para más tarde hartarte de vastos intentos fallidos de descifrar mis jeroglíficos y concluir con un no muy fino “que letra de mierda…”
Otro tema diría Santos, estos días te me escapaste a Bs. As. de pachanga y no va así la cosa. Vos que te pensas que es todo joda esto, no, no, no señorita, me vas a tener que recompensar. Mínimo, tres abrazos, dos besos y un chupetín. Y una coca. Se me antojo una coca pero muchísimo. Son la una de la mañana de un viernes 24 de agosto (perdón, ya son mas de la una, ya es sábado 25), y acá en mi pieza, sentado en la compu (en la silla, perdón), pensando en vos y bla bla bla como suelo decir, me antoje de una cocucha bien fría. ¡No! helada, bien, bien helada. Hablando de helada, que frío que esta haciendo, mira que para que yo me enferme… No tengo muchas ganas de estar así, es molesto. Pero la verdad no me puedo quejar, me enfermo cada muerte de obispo. “Muerte de obispo”, alguna vez te pusiste a pensar el por qué de esa frase. ¿Qué acaso los obispos viven mucho?, la verdad ni idea. Que loco, si yo me enfermo cada muerte de obispo, vos cada muerte de avispa. No va que pican para morir, no va que pasa un mes y ya caes en cama. Pero no importa hermosura, yo voy a estar siempre para cuidarte. Se que en realidad cuando te enfermas de cama no puedo estar ahí mucho tiempo, la mayoría de las veces no puedo ni estar. Pero eso una injusticia, no va que llegan las fechas en que yo estoy inundado de exámenes para que los mocos vallan armando nido en tu nariz.
Tratando de concluir un poco con la pavada, e intentando no irme por las ramas voy a escribirte lo que no puede faltar en una carta mía. Lo que realmente vine a decirte. Pero no lo podía hacer, no sin antes unas palabras con toda la intención, como siempre, de esbozarte, aunque sea, una pequeña sonrisita. Ahora, si logre esa pequeñez, y si a esta altura todavía seguís leyendo, te lo digo.
Te amo hermosura, te amo como ya no me quedan formas de expresión a mi alcance, y me refiero a que si pudiera darte ya mismo un anillo, una casa, un hijo, una familia, nuestra familia, te lo daría. Te lo daría todo sin pensarlo dos veces porque cuando uno siente lo que yo, ya no se necesita pensar las cosas. Por desgracia, lo que si se necesita es tiempo, y eso, solo el tiempo nos lo pude dar.”
Ger.