Ella estaba en el colegio mirándose los dedos fijamente; fue ahà cuando lo vió por primera vez. Algo que no comprendÃa se asomaba entre el dedo Ãndice y el medio. Los compañeros empezaron a girar como si se encontraran dentro de un lavarropas automático; Graciela volvÃa a tener 50 años y seguÃa mirando fijo su sexto dedo. Éste era más pálido y angosto que los demás, como si pendiera de su mano sin vida alguna.


