Eso, it’s over. Otra semana arranca y yo estancado en el mismo lugar, trato de ponerle onda a este fastidioso y rutinario Lunes. Qué alguien me de cuerda por favor. (Y por favor más aún, que no se mal entienda eso de darme cuerda… )
Vamos con algunos razonamientos pavos producto de la falta de sueño.
¿Por qué cuando nos peleamos con alguien este deja de ser nuestro familiar para ser el de la otra persona? Porque al menos a mi me cuando me mandaba alguna cagada pasaba lo siguiente:
-Viejo: ¿Qué paso?
-vieja: ¿Cómo qué paso? Tu hijo… Que está en pelotudo y le puso ricota a la pre-pizza en vez de queso cremoso.
Lo de la ricota, por desgracia, fue verdad. Vamos, ¿quién no se confundió alguna vez algún producto por otro? Porque yo al menos, he puesto la leche en el pote entero de Nesquick y las llaves en la heladera más de una vez.
Afirmo también que no estoy para tirar manteca al techo, pero tengo que admitir que una mañana la unté en la palma de mi mano y no caí que la galletita ya no estaba hasta terminar de hacerlo. Una hora más temprano que me hubiese levantado y hoy no contaría con todos lo dedos de la mano seguro.
El que me conoce, sabe que soy una persona de rápida mandíbula. El único momento en que demoro en comer o aminoro la marcha, es cuando me embobo con la televisión, me pueden estar gritando y pegando con una varilla de pan en los dedos que no voy a reaccionar. Pero eso no viene al caso, a lo que iba es que al comer mirando la tv, suele pasarme que el tenedor llegue un poco más liviano de lo que debería. Y no hay nada más feo que morder con todas las ganas un tenedor vacío y encontrarse los fideos con salsa en la remera blanca.
Otra sensación rara, molesta y que a la vez me gusta mucho, es la de creer que ya terminamos de bajar la escalera cuando aún falta algún escalón. Me encanta. En realidad no es de pasarme seguido de esa manera; soy más de los que cuando caminan por alguna calle no va mirando el piso, esto, no solo es la causa principal de mi escasez de monedas, sino también de mis tropiezos con los desniveles. Por qué es así, nunca va a faltar algún arquitecto mala leche que ponga la casa 20 cm. más abajo que las otras. Me juego la cabeza que lo hacen per codere no más, para ver como los infelices como yo creen que el piso sigue en su lugar.
Bueno, basta ya de manchar mi persona con mis sandeces. Salven mi nombre por mí, y cuéntenme sus costumbres, sus desgracias, sus actos fallidos que los dejan como nabos. Vamos que todos sabemos que no soy el único.